lunes, 25 de agosto de 2014

La entrevista


ELECCIÓN DE LA ENTREVISTA:
}Si la información original fue originada en la publicación de un paper, la fuente normalmente será el director del grupo o laboratorio que dio origen al trabajo.

}Otro sitio que tenemos que tener en mente son las webs de las universidades o agencias que financian proyectos. Normalmente en esos sitios podemos localizar en forma rápida los grupos  investigación especializados en un tema y sus datos de contacto.

}Un problema con el que nos podemos encontrar la discreción o moderación del científico al divulgar su trabajo.

}Temor a divulgar "datos fundamentales o trascendentales" que informen al grupo de la competencia sobre ese trabajo y con lo cual se puede correr el riesgo de que los datos sean robados o mal usados.

}Debemos tener presente que el científico normalmente, y aunque lo disimule muy bien, tiene cierto ego relativamente potenciado.

}El saber estas situaciones, pueden ayudarnos en el momento de entrar en contacto con el investigador.
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Para ser un periodista científico: ¿hay que ser periodista o científico?

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}Definición de Manuel Calvo Hernando
"El periodismo científico es la difusión, de forma comprensiva, de noticias científicas y tecnológicas en medios de comunicación masiva".

El paper, su estructura y lectura específica


Redacción de un copete para Periodismo Científico

-       Armar un copete informativo de la siguiente nota.


“Jamás un astrónomo ni nadie pensó que un pequeño cuerpo podía tener un sistema de anillos; este hallazgo, además de histórico, es inesperado y va a causar gran sorpresa en la comunidad científica”, aseguró a la Agencia CTyS el doctor Diego García Lambas, director del Instituto de Astronomía Teórica y Experimental (IATE-UNC-CONICET) y partícipe de este descubrimiento.

En la madrugada del 3 de junio de 2013, se aguardaba que un pequeño asteroide llamado Chariklo, ubicado a una distancia respecto a nosotros 13 veces mayor que la que separa a la Tierra del Sol, pasara por delante de una estrella lejana. Este fenómeno, conocido como ocultación estelar, permitiría estudiar mejor la forma de este objeto que mide unos 250 kilómetros de diámetro.

De allí que diversos centros astronómicos de Brasil, Paraguay, Uruguay, Argentina y Chile se dispusieran a datar este evento. En efecto, 17 telescopios apuntaron hacia donde pasaría este pequeño cuerpo, dos de los cuales se encuentran en la estación astrofísica de Bosque Alegre, perteneciente al Observatorio de la Universidad Nacional de Córdoba.

Carlos Colazo, astrónomo aficionado que formó parte de las observaciones desde Bosque Alegre junto al investigador Matías Schneiter y Raúl Melia, comentó: “Nosotros notamos que se tapó ligeramente la luz de la estrella, por un cuerpo mucho más pequeño que Chariklo, y pensamos inicialmente que podía ser un satélite”.

Pero otros observatorios también detectaron pequeños cuerpos y, tras hacer cálculos, develaron que todos ellos se ubicaban en forma de elipse, por lo que no se trataba de una constelación de satélites, sino, para sorpresa de todos, de un sistema de anillos en torno a un asteroide.

“En total, conocemos 160 cuerpos sólidos en el sistema solar y ninguno tenía anillos hasta ahora: ni la Luna o Marte, tampoco alguna de las lunas de Júpiter o Mercurio o Venus”, enumeró García Lambas. Y destacó: “Es como si hubiésemos encontrado un minisaturno y es un descubrimiento histórico que tiene su relevancia; seguramente, ahora, se empezarán a buscar otros Chariklos”.

De los 17 telescopios que se dispusieron a analizar la ocultación estelar aquel 3 de junio, nueve de ellos lograron observar al asteroide y los dos instrumentos dispuestos en Córdoba tuvieron resultados exitosos.

El director del IATE manifestó que “es un logro muy importante, porque a veces uno piensa que solamente los modernos telescopios pueden dar lugar a los grandes descubrimientos y, en este caso, uno de los observatorios más viejos que tenemos, que se comenzó a construir en 1920 y fue inaugurado en 1942, nos ha dado una gran alegría”.

Según comentó García Lambas, si bien el observatorio europeo participó de este estudio con un instrumento de última generación que tiene ubicado en Chile, con ese único telescopio no se hubiera podido determinar que el asteroide poseía un sistema de anillos, puesto que se pudo reconstruir su elipse a partir de los puntos de su circunferencia captados desde distintas latitudes.

A partir de los estudios realizados, cuyos resultados se publicarán el próximo 4 de abril en la revista científica Nature, se estima que los anillos de Chariklo están compuestos por hielo y que su masa, en total, podría componer una esfera de cuatro kilómetros de diámetro.

Carlos Colazo comentó a la Agencia CTyS que si se hubiera observado al cuerpo del asteroide ocultando la estrella, el evento hubiera durado unos pocos segundos, pero, como solo se captó cortes de sus anillos, este fenómeno transcurrió en apenas un instante.

Los telescopios, dependiendo su tecnología, son capaces de tomar determinada cantidad de imágenes por segundo. Desde Bosque Alegre, había dos telescopios siguiendo el acontecimiento y lo curioso es que el instrumento más pequeño logró captar la elipse del anillo en dos partes, es decir, a ambos lados del cuerpo de Chariklo, mientras que el telescopio más potente lo hizo solamente en un punto.

El doctor García Lambas explicó que esta falta de detección por parte del telescopio de 154 centímetros de diámetro contribuyó a saber que Chariklo tenía dos anillos. “Ocurre que, al muestrear, el telescopio toma imágenes cada determinados instantes y justo no dató nada en uno de los puntos de la elipse, lo que se explica entendiendo que justo tomó la imagen entre medio de los dos anillos que posee el asteroide”.

Por eso, es tan importante y relevante el haber realizado el estudio desde distintos observatorios, para poder comparar los datos obtenidos y así reconstruir el sistema de anillos. “En este sentido, el observatorio europeo en Chile captó una pequeña disminución en la intensidad de los anillos en medio de ellos, pero con nuestro instrumento justo se captó un punto vacío entre ambos”, describió Lambas.

Si el diámetro del cuerpo central de este asteroide es ligeramente más grande que la provincia de Tucumán, vale mencionar que con sus anillos no llega a cubrir el ancho de la Argentina. De allí la sorpresa de que este pequeño cuerpo que tiene su órbita más allá de Saturno, posea anillos, al igual que los planetas gigantes de nuestro sistema solar.

Cuando se observa un cuerpo con anillos, la primera suposición es que se han formado como producto de una antigua colisión, a partir de la cual algunos escombros quedaron puestos en órbita. En el caso de Chariklo, por estar tan alejado del Sol, se estima que sus anillos están compuestos principalmente por hielo.

“Ahora que descubrimos anillos en este asteroide, los grandes telescopios van a apuntarle para estudiar con precisión la composición química de sus anillos y, a partir de ello, podremos saber mucho más sobre cómo llegó a formarse”, observó García Lambas.

Asimismo, el director del IATE aseveró que se empezarán a buscar otros asteroides con anillos: “Pienso que no va a haber muchos Chariklos, pero, de alguna manera, vamos a entender qué factores dieron lugar a su formación y esto va aportar mucha luz sobre lo que conocemos del sistema solar y de los sistemas planetarios en general”.

Introducción al periodismo científico

Conflictos de interés en ciencia: ¿cómo hacerles frente?

Los simposios y congresos médicos se encuentran cada vez más invadidos por presentaciones comerciales, camufladas de hallazgos científicos. Las revistas de ciencia reciben manuscritos para su publicación que enlazan descubrimientos con intereses comerciales ocultos. Los periodistas que escriben sobre ciencia son tentados a escribir sobre nuevos fármacos de efectos milagrosos, en lujosos eventos, realizados en lugares de ensueño. Esas y otras realidades moldean hoy el escenario en el que se proyectan gran parte de las novedades de las biociencias. ¿Cómo hacerle frente a los conflictos de interés que se suscitan?

Por Claudia Mazzeo, Agencia CyTA-Instituto Leloir. OEI-AECID

A comienzos de junio pasado los diarios de todo el mundo se hicieron eco de un estudio dado a conocer por la revista científica British Medical Journal. El estudio ponía de manifiesto que la gestión de la pandemia de gripe A por parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS) había sido poco transparente, ya que ocultó los vínculos financieros que unían a tres de sus expertos con los laboratorios Roche y Glaxo, fabricantes de Tamiflu y Relenza, fármacos antivirales contra el virus H1N1. La OMS había instado a los gobiernos, varios años atrás, a acumular reservas de esos antivirales para enfrentar la pandemia.
A pesar de que el organismo negó la influencia de la industria en la gestión de la pandemia, el ocultamiento de los pagos realizados por esos laboratorios a los especialistas, en concepto de conferencias y consultas, sumado al hecho de que la gripe H1N1 resultó menos grave que la gripe estacional alimentó las suspicacias.  
“La presencia de conflictos de interés en todas las etapas e involucrando a virtualmente todos los actores que intervienen en los procesos de producción y comunicación de la información sobre temas de ciencia y tecnología en general –autores y revisores de trabajos científicos, editores de journals, profesionales en ejercicio, periodistas de salud- es una realidad relativamente reciente”, señala Ana María Vara, en un trabajo publicado en agosto de 2007 en la Revista Iberoamericana de Ciencia, Tecnología y sociedad (CTS).
Vara, periodista científica e investigadora de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM)  señala que se trata de una situación que  recién comienza a reconocerse de manera cabal, permaneciendo aún ignorada, en algunos casos. Esta es, “la presencia ubicua de fuentes privadas –y, por lo tanto interesadas- interviniendo en la financiación de estas actividades, donde antes predominaban los fondos públicos”.
La especialista agrega que “esto ocurre en muchos ámbitos de la actividad científica, pero es particularmente crítico en la esfera de la salud, y en relación puntualmente con la industria farmacéutica”.
Transparencia
Las revistas científicas, por su parte, vienen tomando diferentes medidas para controlar el impacto de los conflictos de interés en sus publicaciones. Una de las más empleadas consiste en obligar a los autores de los trabajos de investigación a explicitar en sus informes  todo vínculo que pudieran mantener con empresas privadas, lo que se conoce como política de disclosure.
Diferentes estudios realizados a lo largo de la última década con el fin de explorar la relación entre el sector privado y los centros de investigación académicos dan cuenta de la existencia de una asociación significativa entre la financiación de la industria y las conclusiones a favor de la industria, así como también se manifiestan restricciones a la publicación de datos, y una tendencia a informar resultados positivos vinculados con el eventual esponsor.
En relación con los conflictos de interés de los médicos, en especial con la industria farmacéutica, instituciones de distintos países han implementado iniciativas tendientes a controlarlos. Algunas de ellas apuntan a prohibir la aceptación de dinero, regalos, viajes o cualquier otra acción que pueda crear una deuda de agradecimiento.
El trabajo publicado en CTS señala que una técnica, tal vez menos difundida, a la que suelen recurrir las empresas farmacéuticas para influenciar al médico es la de facilitar el trabajo de los expertos ofreciéndoles la escritura de los textos que van a publicar luego con su firma en las revistas científicas. De este modo el experto deja de ser el autor para oficiar de mero editor o simple firmante, comenta Ana MaríaVara.
Por otra parte, un artículo dado a conocer el 8 de junio pasado por el portal internacional de la CNN (‘Bad medical writing hurts public health’, (Los malos artículos médicos lastiman la salud pública) indica que “en las últimas décadas, las reuniones de las asociaciones médicas se han transformado más y más en puntos estratégicos de encuentro para que las compañías farmacéuticas y los fabricantes de equipos les hablen a los médicos sobre sus medicamentos y productos. Hoy, gran parte de la investigación en curso está esponsoreada por la industria, y esos encuentros médicos incrementan las oportunidades de las compañías de hacer conocida su marca,  promocionando sus productos”, afirma el autor del artículo, Otis Brawley, director médico de la Sociedad Nortamericana de Cáncer, desde el portal de esa cadena estadounidense de noticias. “Es una vergüenza que el deseo de inflar los precios de los productos existentes lleve con frecuencia a una excesiva promoción y exageración de hallazgos científicos intrascendentes”, dice Otis Brawley, que es además médico oncólogo.
Pero el especialista va más allá con su análisis de la situación y apunta también a los medios editoriales. Afirma que los buenos periodistas médicos y científicos se están convirtiendo en una especie en extinción, y que la declinación que experimentan esas profesiones es una amenaza para la salud pública. Señala que la crisis económica reciente ha motivado la desaparición en los medios de periodistas científicos experimentados, los que “son reemplazados por jóvenes inexpertos a los que se presiona para producir artículos forzados acerca de estudios médicos científicamente complejos, muy fáciles de malinterpretar”, afirma Brawley.
La combinación de ambos elementos -científicos y hombres de negocios promoviendo de manera entusiasta sus productos o a ellos mismos, y periodistas inexpertos luchando por darle sentido a las consignas recibidas por sus jefes-, ha dado como resultado la producción de artículos inconsistentes, opina Brawley.
¿Curar personas o ratones? De la esperanza a la frustración
Resulta llamativo que el artículo comentado y que publicara la CNN haya sido escrito por un médico. Pero es el mismo especialista el que explica el por qué de su iniciativa. Dice que lo impulsó a escribir el artículo la reciente aparición en periódicos de renombre de los Estados Unidos y Europa de un artículo que anunciaba la llegada de la cura del cáncer de mama, junto con la promesa de una pronta aparición en el mercado de un test de sangre que permitiría detectar, varios años antes de manifestarse clínicamente, el cáncer de pulmón.
Brawley señaló en su artículo que las promesas de cura del cáncer de mama se basaban en los resultados positivos obtenidos en tan solo seis ratones, y que el test de sangre mencionado, según evidenciaba el mismo estudio, no era más preciso que el diagnóstico por rayos X. “Lo cierto es que cuando finalmente aparecen voces autorizadas intentando poner el hallazgo en su debido contexto, los medios ya pasaron a otro tema”, dice el especialista y se pregunta: “¿El resultado final? El público se siente perdido en una nebulosa y la esperanza originalmente suscitada se transforma súbitamente en frustración”.
¿Florencia o Pisa?
En este complejo marco, el periodista científico debe desempeñarse con la mayor responsabilidad, teniendo en cuenta que no sólo el público en general sino también médicos y  especialistas, políticos y funcionarios se informan a través de los medios.
Con sus casillas de correo colapsadas casi a diario por comunicados producidos por decenas de asociaciones científicas (o pseudocientíficas) y de pacientes; agencias de prensa, laboratorios y organismos oficiales, entre otros, la buena intención y el ojo entrenado no siempre alcanzan para acariciar el objetivo de informar responsablemente.  
“Cuando en 1999 era editora del área de Salud en ‘Luna’ (revista femenina, que editaba Perfil), recuerdo que llegó a la redacción una invitación para asistir a un evento, en una hermosa ciudad de Italia, en el que iban a presentarse unas cápsulas contra la celulitis, que ‘prometían’ respaldo científico”, recuerda Ana María Vara.
“La editora general me preguntó si íbamos a cubrir el tema desde la sección de Salud. La idea del viaje era seductora, pero preferí no hacer la nota. Sugerí en cambio que la cubriera la sección Belleza (que yo no editaba), con la idea de que esa sección gozaba, ante los lectores, de menos credibilidad, ya que no es lo mismo hablar de un producto cosmético que de un medicamento”, relata Vara.
¿Cuáles fueron los resultados? “Una redactora de Belleza viajó e hizo una nota muy importante, que yo no revisé, porque la sección no estaba a mi cargo. La nota decía, entre otras cosas, que se recomendaban esas cápsulas en aquellos momentos en los que se registra  un aumento de las hormonas, tales como el embarazo. Todos sabemos que no hay estado más delicado para tomar medicamentos que el embarazo. Hablé con la editora general y le advertí del problema. La verdad es que con ese artículo desinformamos al público”, se lamenta Vara.
Otro ejemplo de la vulnerabilidad de los medios frente a las presiones de la industria lo constituye un artículo aparecido en el diario español ‘El País’ el 22 de diciembre de 2009. En él, una colaboradora de ese periódico en temas de salud describía la llegada al mercado de un analgésico, como “el primero aparecido en 25 años de una nueva generación que marcará un antes y un después” para el dolor agudo y crónico. El artículo periodístico cuestionaba además el desempeño de los médicos al señalar que “sólo el 10% ellos se ocupa de controlar el dolor de sus pacientes”. 
La conclusión era claramente tendenciosa: la mayoría de los médicos no actúa correctamente, dejando librados a su suerte a los pacientes. Pero ahora (¿no preocuparse?) la industria presentaba una nueva y única solución, y se requería la sensibilización tanto de médicos como de pacientes para dejar atrás el problema. Varios médicos se contactaron con la Defensora de lectores de ‘El País’, Milagros Pérez Oliva, para quejarse por el reportaje, según ella misma cuenta en un artículo que fuera publicado en ese medio el 17 de enero pasado, casi un mes después del reportaje que le diera origen. Bajo el título “Avances médicos con intereses ocultos”, la Defensora, que además de periodista es docente universitaria, explicó que uno de los galenos le señaló, tras realizar una búsqueda minuciosa en las bases de datos más consultadas, que no se había demostrado que ese medicamento contra el dolor resultara ser superior al placebo y su eficacia era muy similar a la de otros fármacos  sobre los que existía una mayor experiencia clínica,  además de comercializarse a un precio menor.    
Para eludir las acusaciones de los lectores de haber realizado publicidad encubierta del fármaco la autora del reportaje se defendió frente a la Defensora al decir que sus afirmaciones sobre las bondades del fármaco se basaban en 177 artículos publicados en revistas y congresos internacionales, información referidos por uno de los disertantes del congreso donde se presentó el medicamento (y al que ella asistió invitada por la farmacéutica) en Lisboa. Pérez Oliva objeta esa argumentación en su columna al decir que los estudios aludidos habían sido financiados por los laboratorios productores y que la labor de un periodista es tanto verificar la información como también evitar los sesgos que pueda contener.
Pero los errores cometidos en el artículo del periódico madrileño no acaban ahí. Además de haber exagerado las bondades del fármaco (“el primero aparecido en 25 años”), en el reportaje “se disimula que todo el contenido procede de una única fuente, y se omite revelar que esa fuente es el laboratorio productor del fármaco”, dice en la tribuna de lectores Pérez Oliva. Tampoco se menciona que la periodista viajó a la capital lusa invitada por el laboratorio, cuando el Libro de Estilo del periódico establece la necesidad de transparentar estas situaciones ante los lectores. Pérez Oliva concluye su columna de manera terminante. Dice que el reportaje cuestionado es “un ejemplo de lo que no debemos hacer” en periodismo.   
Osteoporosis, calvicie o timidez
Otro punto no menos importante destacado en el impecable trabajo de la Defensora es que las nuevas tácticas que utilizan hoy los laboratorios y otras empresas apuntan no sólo al médico (y su prescripción del fármaco) sino también hacia los propios pacientes. Con ese objetivo en la mira, hacen emerger (incluso crean) problemas de salud, difundiendo de manera sostenida comentarios de especialistas y pacientes afectados con el objeto de sensibilizar sobre el tema, para el que por supuesto ellos tienen la solución.
A propósito de ello, un comentario editorial de Ana María Vara publicado en la edición de la revista Evidencia de septiembre de 2008 describe “el problema de la medicalización de la vida diaria de las personas con fines económicos o de marketing, por medio de la creación de enfermedades o la exageración de situaciones fisiológicas, asociándolas con posibles sufrimientos o patologías. Esto en el medio se conoce como ‘disease mongering’. (Nota de la cátedra: término anglosajón difícil de traducir, que engloba aspectos como venta, invención y fabricación de enfermedades. La traducción que más se ajusta podría ser la de "mercantilización de las enfermedades", refiriéndose a la idea de obtener beneficios económicos fomentando la conciencia de enfermedad y la necesidad de medicinas para curarse).
¿Qué es el llamado ‘disease mongering’? “Supone convertir malestares o estados normales de la vida en enfermedades, como el duelo o la tristeza convertidos en depresión, el caso de la menopausia asociada a algo que debe tratarse; el abordaje médico de la calvicie, la timidez y los ataques de pánico, el colon irritable y las disfunciones sexuales”, enumera Vara. Y continúa. “También se habla de ‘disease awareness’, que son las actividades que buscan concientizar sobre la existencia de una enfermedad. Forman parte de las estrategias de los laboratorios para ampliar su mercado de clientes: más personas saben (o creen) que están enfermas de algo, más buscan tratamiento, más tienen posibilidades de ser tratadas con el nuevo medicamento. Por supuesto, ningún laboratorio financia campañas de ‘disease awareness’ (conocimiento o sensibilización de la enfermedad) sobre enfermedades para las que no tengan un medicamento que vender. Y generalmente, para hacer estas campañas, se unen a asociaciones médicas o de pacientes, buscando aumentar la credibilidad”, explica la especialista.
Aún las predicciones más modestas indican que en el futuro los conflictos de interés irán en aumento, entre otras cosas de la mano de la presencia de la industria en la financiación de la ciencia. ¿Cómo asegurar entonces la calidad del conocimiento científico generado en ese marco?  La respuesta no es simple. Requerirá de un mayor aumento del compromiso de todos los actores involucrados. En ese frente, al decir de Ana María Vara, surgirá probablemente una nueva alianza entre científicos y periodistas, en la que ambos se comprometan a colaborar en aclarar todas estas cuestiones. 

viernes, 22 de agosto de 2014

Cómo escribir periodismo científico

Una de las facetas más complicadas de la ciencia es simplificarla y transmitirla para hacerla atractiva al público. Por ello, dejamos algunas técnicas y consejos que utilizan los profesionales en la materia.
 
Técnicas redaccionales para la divulgación científica
https://docs.google.com/presentation/d/1AlG8vyRypWRW3rKh4sqMGY8L6Loc7RHmMs0eNx1lmuQ/edit#slide=id.p14


Cómo contar la ciencia: Relatoría de la FNPI
https://docs.google.com/file/d/0B0Xj4vdMvSkvMU9mS09YWG1HRDQ/edit 

Cómo escribir sobre ciencia
https://docs.google.com/document/d/16RWUe4LCzX0Bj5qvqOOA-ekx8eqglz46kb8v5IQLufg/edit

Ejemplo de una crónica narrativa sobre un tema científico
http://www.revistaanfibia.com/cronica/la-vaca-sagrada-2

Ejemplo nota de Agencia Ctys
http://www.ctys.com.ar/index.php?idPage=20&idArticulo=1831